“Venid, pues, y gocemos de los bienes presentes, y usemos de las criaturas con el ardor de la juventud.
Llenémonos de vino generoso y de perfumes, y no se nos pase de largo una flor de primavera.
Coronémonos de capullos de rosas antes de que se marchiten.
Que nadie de nosotros deje de participar en nuestra orgía, dejemos por doquiera señales de alegría, proque esa es nuestra parte y esa es nuestra suerte.
Oprimamos al justo pobre, no tengamos miramientos con las viudas ni respetemos las canas provectas del anciano.
Sea nuestra fuerza norma de justicia, pues lo débil se demuestra inútil.
Acechemos al justo, porque nos incomoda, y se opone a nuestras obras, y nos echa en cara las transgresiones de la ley, y nos reprocha de faltas contra nuestra educación.
Proclama que tiene el conocimiento de Dios, y se llama a sí mismo hijo del Señor.
Ha llegado a ser reprensión de nuestros pensamientos. Su sola vista nos resulta pesada, porque su vida no se parece a la obra de los otros, y sus caminos son diferentes.
Nos tiene por gente de mala ley, y se aparta de nuestros caminos como de impurezas; estima feliz el fin de los justos, y se gloria de tener a Dios por padre.
Veamos si sus palabras son verdaderas y experimentemeos lo que ha de suceder al fin de su vida.
Pues si el justo es hijo de Dios, vendrá en su socorro y le librará de la mano de sus adversarios.
Probémosle con el ultraje y la tortura, para ver su moderación indulgente, y probar su resignación.
Condenémosle a una muerte vergonzosa, pues, según él dice, le vendrá socorro.
Esto piensan, pero se equivocan, porque su maldad les ha obcecado, y no conocen los secretos de Dios, ni esperan recompensa para la santidad, ni creen en el premio de las almas irreprensibles”. Sabiduría 2, 6-22
Han pasado un par de milenios y este texto se vuelve tan actual como cuando fue escrito. Aparte de su caracter profético, al anticipar los padecimientos que Jesús tendrá en su tiempo, comparte con nosotros nuestro destino de cristianos, ser luz de justicia, en un mundo adormecido por el materialismo y sumido en su autocomplacencia hedonista.
En efecto, la Palabra de Dios nos refleja los “espinos” que nos encontramos en el día a día: las apariencias, las escalas sociales, el afán de conseguir el éxito, aunque sea a cualquier precio, la ley del más fuerte, … Todo ello se opone a los planes que Dios tiene para nosotros, todo ello se opone a los ideales de Justicia, Amor y Verdad con los que nuestro Padre Celestial quiere llenar nuestras vidas y de los que nadie queda excluido. Son esos los valores del mundo, los que dejan pobres, viudas y marginados; frente a los de Dios que desea dejarnos un mundo donde tengamos “vida” y ésta en abundancia.
Por ello, la voz de los cristianos, la voz de la Iglesia es incómoda, porque se opone firmemente a los desmanes de este mundo de injusticias, pero aún así, a pesar de las persecuciones, críticas y humillaciones que seguro son frecuentes en nuestro entorno, hay que seguir denunciándolas. Podremos discutir las formas de hacerlo, pero no el fondo, pues cielo y tierra pasan, mas la palabra del Señor permanece.
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