La Voz de la Justicia.

Lunes, 16 Noviembre, 2009

“Venid, pues, y gocemos de los bienes presentes, y usemos de las criaturas con el ardor de la juventud.

Llenémonos de vino generoso y de perfumes, y no se nos pase de largo una flor de primavera.

Coronémonos de capullos de rosas antes de que se marchiten.

Que nadie de nosotros deje de participar en nuestra orgía, dejemos por doquiera señales de alegría, proque esa es nuestra parte y esa es nuestra suerte.

Oprimamos al justo pobre, no tengamos miramientos con las viudas ni respetemos las canas provectas del anciano.

Sea nuestra fuerza norma de justicia, pues lo débil se demuestra inútil.

Acechemos al justo, porque nos incomoda, y se opone a nuestras obras, y nos echa en cara las transgresiones de la ley, y nos reprocha de faltas contra nuestra educación.

Proclama que tiene el conocimiento de Dios, y se llama a sí mismo hijo del Señor.

Ha llegado a ser reprensión de nuestros pensamientos. Su sola vista nos resulta pesada, porque su vida no se parece a la obra de los otros, y sus caminos son diferentes.

Nos tiene por gente de mala ley, y se aparta de nuestros caminos como de impurezas; estima feliz el fin de los justos, y se gloria de tener a Dios por padre.

Veamos si sus palabras son verdaderas y experimentemeos lo que ha de suceder al fin de su vida.

Pues si el justo es hijo de Dios, vendrá en su socorro y le librará de la mano de sus adversarios.

Probémosle con el ultraje y la tortura, para ver su moderación indulgente, y probar su resignación.

Condenémosle a una muerte vergonzosa, pues, según él dice, le vendrá socorro.

Esto piensan, pero se equivocan, porque su maldad les ha obcecado, y no conocen los secretos de Dios, ni esperan recompensa para la santidad, ni creen en el premio de las almas irreprensibles”. Sabiduría 2, 6-22

Han pasado un par de milenios y este texto se vuelve tan actual como cuando fue escrito. Aparte de su caracter profético, al anticipar los padecimientos que Jesús tendrá en su tiempo, comparte con nosotros nuestro destino de cristianos, ser luz de justicia, en un mundo adormecido por el materialismo y sumido en su autocomplacencia hedonista.

En efecto, la Palabra de Dios nos refleja los “espinos” que nos encontramos en el día a día: las apariencias, las escalas sociales,  el afán de conseguir el éxito, aunque sea a cualquier precio,  la ley del más fuerte, … Todo ello se opone a los planes que Dios tiene para nosotros, todo ello se opone a los ideales de Justicia, Amor y Verdad con los que nuestro Padre Celestial quiere llenar nuestras vidas y de los que nadie queda excluido. Son esos los valores del mundo, los que dejan pobres, viudas y marginados; frente a los de Dios que desea dejarnos un mundo donde tengamos “vida” y ésta en abundancia.

Por ello, la voz de los cristianos, la voz de la Iglesia es incómoda, porque se opone firmemente a los desmanes de este mundo de injusticias, pero aún así, a pesar de las persecuciones, críticas y humillaciones que seguro son frecuentes en nuestro entorno, hay que seguir denunciándolas. Podremos discutir las formas de hacerlo, pero no el fondo, pues cielo y tierra pasan, mas la palabra del Señor permanece.


1er Domingo de Adviento: ¡Velad!.

Sábado, 13 Diciembre, 2008

“Mirad por vosotros mismos, no sea que vuestros corazones se enerven con el libertinaje y la embriaguez y las procupaciones terrenas, y os asalte por sorpresa aquel día. Pues como un lazo sobrevendrá a todos cuantos habitan sobre la faz de toda la tierra. Estad en vela orando en todo tiempo para que logréis escapar de todo esto que va a suceder; y no sucumbáis al presentarse el Hijo del hombre”. S. Lucas 21, 34-36

“Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre. Porque como en los días que precedieron al diluvio, comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca, y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos, así será también la venida del Hijo del hombre. Entonces, estarán dos en el campo: uno es tomado, el otro dejado; dos mujeres moliendo en el molino: una es tomada, la otra dejada. Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre”. S. Mateo 24, 37-44

Cuántas veces habréis escuchado en los últimos años, que vivimos en el apogeo de la civilización, hay avances científicos increíbles, medios técnicos asombrosos, se ha encontrado la cura para multitud de enfermedades y hay abundancia de alimentos, vestido, etc.

También se nos dice que creer en Dios es un atraso, que es algo anticuado, que son supersticiones del pasado, que no es necesario.

Sin embargo viene una tribulación y todo el mundo se tambalea, surgen crisis, hambres y guerras, y desaparece aquel efímero optimismo, demostrándo cuán frágil es este mundo en el que vivimos a pesar de todo lo que hemos avanzado.

Jesús nos advierte y nos llama a permanecer constantes, orando siempre y centrados en lo que es realmente importante en la vida. Por Él sabemos que lo material es pasajero y que debemos perseverar día a día en el conocimiento de la verdad del Señor: que mientras pasemos nuestra existencia en este mundo, debemos atesorar los bienes “celestiales” cultivando el amor, la justicia y la humildad, y que si bien podemos disfrutar de los frutos de nuestro trabajo,  no podemos olvidar que nuestro punto de referencia en Cristo y no debemos vivir despreocupados como si nada fuera con nosotros.

Por eso hay que estar en vela, atentos a cómo vivimos nuestra vida y ver como podemos mejorarla, poniendo a Jesús como centro de nuestra existencia y como modelo de nuestras actuaciones.

QDOB.


La Tempestad Calmada (28-01-2004, adaptación)

Domingo, 17 Agosto, 2008

Marcos 4, 35 – 40.
Aquel mismo día, al atardecer, díjoles: Pasemos a la otra orilla. Dejando la turba, se lo llevaron cual se hallaba en la barca. Y otras barcas le acompañaban. De pronto sobrevino tan brava tempestad de viento, que las olas batían la barca, hasta el punto que ésta comenzaba a inundarse. Mientras, él estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal. Y le despiertan y le dicen: Maestro, ¿no te interesa que perezcamos? Él se levantó, increpó al viento y dijo al lago: ¡Calla! ¡Enmudece! Y amainó el viento, y sobrevino una gran bonanza. Y les dijo ¿A qué tanta pusilanimidad? ¿Cómo no tenéis confianza? Y sobrecogidos de temor, se decían unos a otros: ¿Quién es, pues, éste a quien el viento y la mar obedecen?.

Nuestra vida de cristianos es como la barca de San Pedro, navegamos en un mar que a veces es suave y otras bravo, pero es una barca en la que Cristo está presente porque así nos lo prometió: “Estaré con todos vosotros, todos los días, hasta el fin de los tiempos”.

Desde el mismo momento en que aceptamos a Cristo en nuestras vidas, aceptamos que Él está subido en nuestra barca y eso debería ser un gran motivo de alegría. Jesús está con nosotros, Él llena nuestra barca con su presencia y la completa con otras gratificaciones, ya que cuando Él nos indica dónde y cuándo echar las redes sacamos una gran cantidad de peces, sin embargo cuando nos dejamos llevar por nuestra soberbia y rebeldía, no obtenemos más que decepciones.

Como dice la palabra, aquel día Jesús se echó a dormir en la popa de la barca cuando apareció una tempestad. Entonces los apóstoles, atemorizados, se sintieron solos y desamparados. Sí, Jesús estaba con ellos, pero estaba dormido, ajeno a lo que pasaba mientras una tormenta atroz se les venía encima. En este punto se produce el principal contraste de la palabra, mientras los apóstoles veían en Jesús inoperancia y negligencia, no eran capaces de ver la confianza, la que Jesús tenía en que nada malo iba a suceder. En efecto, el miedo de los apóstoles a naufragar en medio del temporal, el temor al fracaso, fue mayor que la confianza que tenían en Jesús, a quién ya le habían visto hacer varios milagros.

Nuestra vida se parece mucho a la barca de los apóstoles, en ella hay momentos de dificultades, de dudas y miedos. En esos momentos de tribulación nos angustiamos sobremanera, aún más si la presencia del Señor está como oculta, y no es que Dios nos haya abandonado o nos ignore, sin embargo nosotros sí sentimos que es como si estuviera “dormido”. Entonces desesperamos y pensamos que estamos pérdidos: ¡Dios está dormido!, ¡No le preocupa que perezcamos!, ¡No le importamos!, … podemos llegar a pensar que Dios se olvida de nosotros, y no vemos que quizá es al revés, nos ofuscamos tanto con nuestros problemas y dificultades que somos incapaces de ver a Dios y no somos capaces de entender lo que Él nos trata de comunicar, de ver que Él está a nuestro lado y que debemos seguir teniendo confianza en Él, que es quien mejor sabe guiar la barca. Por eso es importante la oración constante, una oración sincera y personal, que mantenga el corazón en vela y atento a lo que en cada momento el Señor está tratando de decirnos.

En resumen:

Primero. – Como barcas en medio del mar, nuestras vidas van a la deriva y pueden verse fácilmente envueltas en momentos de dificultad. Esto es inherente a la condición humana pues nadie está exento de pasar penurias.

Segundo. – Afortunadamente, Dios está con nosotros y nos acompaña en nuestra barca, no sólo está presente en ella, sino que nos ayuda a mantenerla en buen estado: la limpia cuando el pecado la ensucia, la repara cuando está dañada y herida, nos echa una mano cuando lanzamos las redes y nos indica dónde lanzarlas para obtener la mejor pesca (esto es, nos da fuerzas para la vida diaria, y nos mantiene alerta para llenar nuestra vida de lo verdaderamente importante).

Tercero. – No hay que descuidar la relación con Dios, la oración ha de ser constante. Si Dios está con nosotros, ¡aprovechémosle!, no vaya a ser que vengan las dificultades y nos encuentren con la fe dormida, y entonces perezcamos sin remedio, ”despertemos” la fe, mantengámosla fuerte y activa con una oración perseverante.

Cuarto .- Hay grandes tormentas y dificultades pero no nos olvidemos que Dios lo puede todo, “hasta el viento y el mar le obedecen”. Dios tiene autoridad sobre todas las cosas, si Dios está con nosotros, ¿quién nos podrá parar?. Por muy grande que sea el problema, Dios nos ayuda a seguir adelante y por eso …

Quinto .- … hay que confiar en Su manera de hacer las cosas. A veces no lo entendemos pero Dios tiene una manera de resolver los conflictos que puede ser muy diferente a la que nosotros podemos pensar, por eso debemos estar atentos y confiar, confiar plenamente en que al final, si las cosas las hacemos a Su manera, será la mejor forma en que se puedan resolver. En esto consiste gran parte de la Fe: en confiar en que la voluntad del Señor es siempre lo mejor para nosotros.

Recibid un abrazo en Jesús y en María y QDOB.


La Buena Noticia: El mensaje de Jesús (I)

Martes, 5 Agosto, 2008

S. Lucas 4, 16 – 22

Se llegó entonces a Nazaret, donde se había educado. El sábado según su constumbre entró en la sinagoga y se levantó a leer. Le fue entregado el libro del Profeta Isaías. Abierto el libro, dio con el pasaje en que está escrito: “El Espíritu del Señor que está en mí me consagró. A anunciar la buena nueva a los desgraciados me envió; como heraldo de libertad para los cautivos, de recuperación de la vista para los ciegos; de franca manumisión para los oprimidos. Heraldo del año de gracia del Señor”.

Luego enrollado el libro, lo entregó al ministro y se sentó. Los ojos de todos los que se hallaban en la sinagoga estaban fijos en él. tomó él la palabra y les dijo: Pues hoy ha tenido cabal cumplimiento esta Escritura que acabáis de oir.

Isaías 61, 1 – 3

El espíritu de Yahvé está sobre mí, porque Yahvé me ha ungido y me ha enviado para anunciar la buena nueva a los pobres, a curar a los de corazón quebrantado, a proclamar la libertad a los cautivos y la liberación a los encarcelados, a proclamar el año de gracia de Yahvé y un día de venganza para nuestro Dios; para consolar a los que lloran; para alegrar a los afligidos de Sión y darles una diadema en lugar de ceniza, aceite de alegría en lugar de vestido de luto, cánticos de alabanza en lugar de ánimo decaído.

 

Amor, Paz, Alegría, Bondad, Caridad, Justicia, Libertad, Perdón, Consuelo, Misericordia, … son valores que han constituido las máximas aspiraciones del ser humano a lo largo de todas las etapas de la historia.

Para nosotros los creyentes, lo antedicho constituyen las más maravillosas manifestaciones del amor de Dios, la materialización de lo que implica el anuncio de la Buena Noticia, de la que Jesús, como Mesías y enviado del Padre, es el portador.

Tal es el amor de Dios hacia los hombres que todas esas cosas buenas que anhelamos, está dispuesto a dárnoslas, y nos las brinda a través de Cristo. Tomando a Cristo en nuestras vidas, aceptamos su modo de vida, sus valores y nos hacemos colaboradores de su misión salvadora.

AMOR ”Un mandamiento nuevo os doy, que os améis los unos a los otros como yo os he amado”.

PAZ ”Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados Hijos de Dios”.

ALEGRÍA “Estad felices y contentos porque vuestra recompensa será grande en el cielo” // ”Vosotros sois la sal del mundo. Mas si la sal se vuelve sosa, ¿con qué se la salará?”.

BONDAD “El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca cosas buenas y el hombre malo, del tesoro malo saca cosas malas”.

CARIDAD “Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos”.

JUSTICIA “No juzguéis y no seréis juzgados, porque con el juicio con que juzguéis, seréis juzgados”.

LIBERTAD ”Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”.

PERDÓN “Perdonad y seréis perdonados”.

CONSUELO “Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso”.

MISERICORDIA “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso” // “Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia”.

Los cristianos somos por tanto, los constructores del reino y con estos ladrillos debemos edificar la nueva Jerusalén, la Tierra Prometida en la que tengan verdadero cumplimiento las promesas del Señor. No es un trabajo fácil, y muchas veces nos parecerá ingrato, árido y  asfixiante, tened en cuenta que estamos llamados a “devolver bien por mal” y otras tantas veces a “poner la otra mejilla”. Esto no significa ser conformistas, sino fieles cumplidores de la Voluntad de Dios. Al igual que Jesús, que por obediencia al Padre, cargó con los pecados del mundo en la cruz, así nosotros nos hacemos portadores de la misma carga. Cireneos que caminamos con Cristo y que sin Él nada podemos.

QDOB


¿Qué clase de tierra somos?

Miércoles, 16 Julio, 2008

Mateo 13, 1-23

Cierto día salió Jesús de su casa y se sentó a la orilla del mar. Y se congregó junto a él grande gentío, tanto que subió a una barca y se sentó y toda la multitud quedó de pie a la orilla. Y les enseñaba muchas cosas en parábolas. Decía: Salió el sembrador a sembrar. Y mientras sembraba cayeron unos granos a la orilla del camino y vinieron las aves y se los comieron. Otros granos cayeron sobre pedregal, donde apenas tenían tierra y brotaron en seguida por estar tan someros. Mas al salir el sol, faltos de raíces y abrasados por el calor, se secaron. Otros cayeron entre espinos y crecieron los espinos, y los ahogaron. Otros, por fin, cayeron en tierra buena y dieron fruto: unos el ciento, otros el sesenta, otros el treinta. Quien tenga oídos que oiga.

[...]

Escuchad, pues, el sentido de la parábola del sembrador. Siempre que se oye la palabra del reino y no se atiende, viene el Maligno y aventa lo que se sembró en aquel corazón. Éste es el grano sembrado a la vera del camino. Y el sembrado en pedregales, representa a los que oyen la palabra, y de momento la reciben a gusto. Pero no tiene en ellos raíces, sino que es efímera. Así apenas viene una tribulación o persecución por causa de la doctrina, desfallece su fe. El sembrado en zarzales representa a los que oyen la palabra: mas las preocupaciones de las cosas temporales y la seducción de las riquezas ahogan la doctrina y no llega a dar fruto. Por fin, el grano sembrado en tierra buena, representa a los que oyen la palabra y la atienden. Éstos producen fruto: Quién de cien, quién de sesenta, quién de treinta.

¿Cuántas veces habremos oído o leído la “Parábola del Sembrador”? ¿cuántas veces hemos reflexionado sobre ella? y aún así seguimos redescubriéndola cada vez, y con ella redescubriéndonos a nosotros mismos, como un espejo que refleja nuestra imagen, como un exámen de conciencia en el que evaluamos ¿quiénes somos? ¿cómo vivimos? ¿cómo actúa Dios en nuestra vida? ¿qué papel tiene Jesús en ella?; en definitiva qué clase de tierra somos, si está dando fruto la palabra de Dios en nosotros, o si por el contrario está relegada al olvido o como mucho a una retaila de tareas monótonas que cumplimos con el mero hecho de “cumplir” y seguir con lo nuestro como si tal cosa.

Cuando me miro a mí mismo e intento ver qué tipo de tierra soy, me siento como la semilla sembrada entre espinos, los espinos son todas esas cosas que asfixian nuestra fe, nos comen tiempo para la oración, o son situaciones que ponen a prueba nuestra ética; es el estress que no nos deja reflexionar, son las manipulaciones externas que nos tratan de decir qué hacer, qué comprar, dónde ir de vacaciones, qué ver y qué pensar, qué es mejor, qué es peor, lo que está bien y lo que está mal. Los espinos también son los prejuicios y los sentimientos enconados, nuestros propios defectos y miserias, nuestro egoismo, nuestra intolerancia, nuestra falta de paciencia o nuestra incomprensión.

Quizá por eso es importante pararse de vez en cuando y volver a leer la parábola del sembrador, para tratar de identificar cuáles son esos espinos que ahogan nuestra vida y que nos impiden crecer y tener una existencia plena.

Es paradójico, cómo nos ofuscamos tantas veces y nos centramos más en aquello que nos está “quitando” la vida que en aquel por el que tenemos “vida”.

Un saludo y QDOB