Un café con Jesús.

El otro día quedé con una amistad para tomar un café. Tras un tiempo sin vernos era la oportunidad perfecta para ponernos al día y contarnos como nos iba la vida a ambos. En el transcurso de la conversación, me comentó que estaba pasando por un mal momento con su pareja, habían discutido mucho y estaban a punto de dejarlo definitivamente. Se quejaba de que se sentía desplazada, ya que en vez de de aprovechar a pasar más tiempo juntos, y tratar así de arreglar sus asuntos, su pareja prefería pasar más tiempo con sus amistades.

Esta conversación, que no pasa de ser una de tantas entre dos amigos tomando un café, un día cualquiera en una tarde cualquiera, me sirvió para reflexionar no sólo en los problemas de la relación que tenía esta pareja, sino en los problemas que tenemos muchos cristianos en nuestra relación con Dios.

Me dí cuenta que en la vida diaria que llevamos, estamos tan ajetreados que casi no nos queda tiempo para nosotros mismos, así que siempre es de agradecer poder parar un momento y tomarnos un café de vez en cuando,  sobre todo si podemos gozar de la compañía de un buen amigo. Compartir un café y una conversación con otra persona nos permite escuchar y ser escuchados, no sólo es compartir una taza de infusión, es compartir un tiempo, un espacio y una experiencia, incluso aunque ninguno de los presentes tenga nada importante que decir, siempre se disfruta la compañía del otro.

Pero … ¿qué nos pasa con Jesús?, constantemente le estamos escatimando tiempo y anteponemos otras tareas presuntamente más importantes a pasar tiempo con Él. Incluso me sorprendió comprobar, que somos prestos a quedar con otras personas, pero somos muy perezosos cuando se trata de pasar un tiempo con el Señor.

En este sentido nos parecemos mucho a la pareja de esa persona que os comentaba varios párrafos más arriba, podemos pensar que Jesús es el centro de nuestra vida, que le amamos profundamente y le adoramos, que por Él daríamos la vida, y sin embargo cuando llega la hora de la verdad, en las cosas más nimias, le descuidamos, le dejamos para después y le relegamos para el último lugar de nuestra interminable agenda. No vemos que actuando así lo que hacemos es debilitar cada vez más nuestra relación con Dios y quizá arriesgarnos a perderla completamente, y desde luego así podría ser si nos dejamos asfixiar por los “espinos”, que son las cosas de la vida diaria a las que se refiere la parábola del sembrador. La diferencia fundamental aquí es que Él siempre va a estar dispuesto a recibirnos de nuevo, la duda por tanto, es si nosotros seremos capaces de rectificar nuestro error.

Por esto pienso que deberíamos intentar tomar más cafés con Jesús, para así aprovechar a contarle nuestras cosas y hablar de ellas como lo haríamos con un amigo del alma, fortaleciendo así nuestra relación con Él. Estoy seguro de que un rato de oración en Su presencia puede ser de los más reconfortantes que podamos tener en el día.

Una respuesta para “Un café con Jesús.”

  1. Susana Dice:

    Jose, que bonita reflexión y cuánta razón tienes. Deberías escribir más a menudo. Por cierto, en Agosto se organiza un retiro en el Soto que tiene muy buena pinta. A ver si te animas algún día, ya te paso por correo privado la publicidad o también puedes entrar en http://www.feyvida.com

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