1er Domingo de Adviento: ¡Velad!.

“Mirad por vosotros mismos, no sea que vuestros corazones se enerven con el libertinaje y la embriaguez y las procupaciones terrenas, y os asalte por sorpresa aquel día. Pues como un lazo sobrevendrá a todos cuantos habitan sobre la faz de toda la tierra. Estad en vela orando en todo tiempo para que logréis escapar de todo esto que va a suceder; y no sucumbáis al presentarse el Hijo del hombre”. S. Lucas 21, 34-36

“Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre. Porque como en los días que precedieron al diluvio, comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca, y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos, así será también la venida del Hijo del hombre. Entonces, estarán dos en el campo: uno es tomado, el otro dejado; dos mujeres moliendo en el molino: una es tomada, la otra dejada. Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre”. S. Mateo 24, 37-44

Cuántas veces habréis escuchado en los últimos años, que vivimos en el apogeo de la civilización, hay avances científicos increíbles, medios técnicos asombrosos, se ha encontrado la cura para multitud de enfermedades y hay abundancia de alimentos, vestido, etc.

También se nos dice que creer en Dios es un atraso, que es algo anticuado, que son supersticiones del pasado, que no es necesario.

Sin embargo viene una tribulación y todo el mundo se tambalea, surgen crisis, hambres y guerras, y desaparece aquel efímero optimismo, demostrándo cuán frágil es este mundo en el que vivimos a pesar de todo lo que hemos avanzado.

Jesús nos advierte y nos llama a permanecer constantes, orando siempre y centrados en lo que es realmente importante en la vida. Por Él sabemos que lo material es pasajero y que debemos perseverar día a día en el conocimiento de la verdad del Señor: que mientras pasemos nuestra existencia en este mundo, debemos atesorar los bienes “celestiales” cultivando el amor, la justicia y la humildad, y que si bien podemos disfrutar de los frutos de nuestro trabajo,  no podemos olvidar que nuestro punto de referencia en Cristo y no debemos vivir despreocupados como si nada fuera con nosotros.

Por eso hay que estar en vela, atentos a cómo vivimos nuestra vida y ver como podemos mejorarla, poniendo a Jesús como centro de nuestra existencia y como modelo de nuestras actuaciones.

QDOB.

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