“¿Qué es la Iglesia? Es una comunidad que reza; un pueblo de Dios, y que a Dios debe todo. Lo que más la urge es la oración. La iglesia se propone un objetivo primario: el de poner a los hombres en comunicación con Dios [...] Toda su vitalidad, toda su capacidad de servir para la liberación y la salvación de los hermanos próximos y lejanos está alimentada por la oración. Oremos, pues; de este modo debemos ser iglesia”. (en Ecclesia, 1971.p.2088, Pablo VI)
“Intercesión: en sentido cristiano, es toda súplica o petición presentada a Dios en favor de otro u otros, en favor de la iglesia y el mundo. En un sentido más amplio y acaso más cristiano, es toda una vida de oración y amistad con Dios ofrecida en favor de otros, de la iglesia, del mundo; siempre en unión con Cristo Jesús, el único Mediador; siempre desde el corazón de la iglesia y desde la comunión de los santos, y con el apoyo de María, intercesora universal e incansable. En este sentido, intercesión es un precioso carisma del Espíritu Santo, que gradualemente convierte la vida entera del intercesor y su misma persona en intercesión para gloria de Dios y bien de la humanidad”. (Marcelino Iragui, Ante el Trono de Gracia p. 6, Ed. El Carmen)
Hace ya algunos años, un “amigo invisible” me regaló el libro “Ante el Trono de Gracia” de Marcelino Iragui, libro que no comencé a leer hasta hace un par de años más y que el otro día se vino a mi mente cuando pensaba sobre el poder de la oración de intercesión.
“Pedid y se os dará”. En la oración se nos invita a pedir, a pedir constante e insistentemente todo aquello que necesitemos, lo material y lo inmaterial, tanto que hasta hay veces que nos “da corte” pedir todo el rato para nosotros. Estas oraciones son todas en plan “dame, dame, dame”, y esto no es malo, si nos damos cuenta de cuán necesitados estamos de todo. (Lo más sorprendente es que teniendo la posibilidad de pedir, nuestra falta de oración hace que al final no pidamos, ni lo que necesitamos).
Tomar conciencia de nuestras necesidades, fallos y debilidades, no sólo nos debe ayudar a ser más humildes, sino que tiene que despertar en nosotros una empatía hacia los demás y así como pedimos para nosotros mismos, interceder también para los que como nosotros comparten los mismos problemas e inquietudes.
“Interceder es un modo de cooperar con los planes divinos de salvación para nuestros seres queridos y para todos los hombres. Estos son planes de bondad, de generosidad de misericordia infinita. Para cooperar con ellos es preciso sumergirse en el Océano insondable de la Misericordia divina; es preciso mirar a las personas y leer los acontecimientos desde esa perspectiva, y orar desde la misma, desde la Misericordia divina.
Esta es una gracia que el Señor concede a los que expermientan a fondo su propia miseria, su propia nada. Entre ellos se encuentran los intercesores auténticos”. (Marcelino Iragui, Ante el Trono de Gracia p. 75, Ed. El Carmen)
Tú que estás pasando por un momento de “quebrantamiento”, tú que tienes una dificultad o un problema, puedes ser un intercesor auténtico, un valedor ante el Trono de Gracia del Señor de todos los que están pasando lo mismo que tú, y como un pararrayos, estás atrayendo hacia tu oración el poder salvífico de la misericordia de Dios. Tú con tu oración, estás contribuyendo a fomentar el amor y la piedad, tú estás colaborando a construir el Reino. El poder de la intercesión está en tu oración. Ora.
QDOB.
Escrito por effetah