S. Juan 18, 37-38
Preguntóle Pilato: ¿Luego tú eres rey?. Respondió Jesús: tú lo dices: Yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es discípulo de la verdad, me escucha a mí. Dícele Pilato: ¿Qué es la verdad?.
S. Juan 14,6
Yo soy el camino, la verdad y la vida.
Vivimos un momento en la historia de la humanidad en la que nunca ha existido un acceso tan grande a la información. Los avances en los medios de comunicación actuales nos permiten contactar con casi cualquier persona en cualquier lugar y obtener cualquier dato, imágen o sonido casi al instante.
La información a nuestro alcance es inmensa, y sin embargo ¿cómo podemos estar seguros de que toda esa información es veraz? ¿cómo podemos saber si algo es cierto? ¿cómo discernir si alguien es de confianza?.
Hoy más que nunca vivimos escondidos detrás de multitud de apariencias, de capas, de máscaras que ocultan nuestra verdadera realidad. Hoy más que nunca mostramos una cara de éxito, o de modernidad, una cara de amabilidad forzada, o una sonrisa de diario, mientras ocultamos nuestra cruz, nuestras debilidades, nuestros defectos, nuestras penas. Éstas las vamos metiendo en el baúl de las cosas pendientes, hasta que éste se hace tan grande que revienta. Entonces nos deprimimos, tal es así que algunos dicen que la depresión es la enfermedad del siglo XXI.
Cómo Pilato, dudamos y nos cuestionamos ¿qué es la verdad?, ¿qué es lo auténtico?, qué es lo que realmente merece la pena en la vida, y al igual que ocurre en el texto evangélico, la pregunta queda sin repuesta expresa, porque sencillamente la tenemos delante. Al igual que Pilato tenía delante a Jesús (el camino, la VERDAD, y la vida), nosotros tenemos ahora la Palabra de Dios delante de nuestras narices, la que es veraz, la que es auténtica, la única que da vida eterna.
QDOB