“Perdón” (26-Julio-2004)

Miércoles, 30 Julio, 2008

En relación con el último texto del blog, rescato un correo que escribí el 26 de Julio de 2004 a una amiga, espero que sea de vuestro interés y QDOB.

Hola:

Esta mañana recordaba un episodio de cuando todavía íbamos a confirmación, seguro que recuerdas algo que nos dijo Toñi hace ya mucho tiempo, algo que es más o menos así:

“Cuando pecamos rompemos la cuerda que nos une a Dios, pero cuando esto sucede, Dios hace un nudo de modo que cuando la cuerda vuelve a estar unida nos vamos acercando más a él”.

Recuerdo que al año siguiente, cuando ya estábamos con Rubén, a colación del tema se lo contaste a él, pero Rubén no quedó muy convencido.

Dándole vueltas más tarde comprendí que Rubén tenía razón en dudar, puesto que expresado como viene anteriormente, parece como sí el pecado nos uniese a Dios, cuando el efecto del pecado es todo lo contrario.

Tiempo después, leyendo a San Pablo, descubrí una palabra que también se relacionaba con el tema, en ella San Pablo venía a dar gracias por sus debilidades pues ellas le permitían acercarse a Dios.

II Corintos 12, 10: “Por esto me complazco en las flaquezas, en las afrentas, en las adversidades, en las persecuciones, en las angustias por Cristo. Pues cuando me siento endeble entonces soy fuerte”.

Pero finalmente fue tras la lectura del Catecismo y la experiencia propia cuando me encajaron todas las piezas del rompecabezas.

En efecto, el concepto que falta para comprender la relación entre la frase de Toñi, Rubén y San Pablo, es la reconciliación. Así pues, cuando pecamos ciertamente deterioramos la relación con Dios, incluso, cuando pecamos gravemente podemos llegar a romper los lazos con Él, nos distanciamos. Unas veces avergonzados, como Adán y Eva, nos queremos ocultar de Dios, no nos damos cuenta que no hay nada que ocultar, y que al rehuir de su luz caemos en el vacío de las tinieblas.  Otras veces resentidos y rebeldes queremos hacer ver que no necesitamos de Dios, que nos valemos de sobra sin Él, tratamos de herirle, como queriendo dar una lección a ese viejo mandón, sin ver que somos nosotros los que nos herimos a nosotros mismos y que incidir en nuestra rebeldía sólo corre en nuestro perjuicio. De este modo cuando la relación se rompe, se rompe la cuerda que nos une a Dios, mas cuando arrepentidos pedimos perdón, Dios se apresura a anudar “la cuerda”. Sólo cuando hay un arrepentimiento sincero promovido por el amor que sentimos hacia Dios, la relación vuelve a reestablecerse con el añadido de que al recibir su misericordia sentimos un alivio y una gratitud extra que nos hace ver a Dios más cercano de lo que lo veíamos antes.

Así ya no se malentiende pues es el perdón, la reconciliación, lo que nos une más a Dios, y no el pecado como podría deducirse (mal deducido) en primera instancia (quizá el problema venía porque la reconciliación se obviaba en la frase de Toñi).

Con esto hemos “reconciliado” a Toñi y a Rubén, pero aún queda ver que tienen que ver San Pablo y el Catecismo en todo esto. El discernimiento que a continuación voy a exponer no es del todo sencillo pues se basa en la experiencia personal con las dificultades de extrapolación a la experiencia personal de otras personas que eso conlleva, incluso creo que su comprensión es imposible sin la Gracia del Espíritu Santo.

Yo como tantos, soy un pecador, algunos de mis fallos puede que sean pequeños pero otros son graves, tanto más cuando minan negativamente mi relación con el Señor hasta el punto de sentir que con ellos acreciento las llagas de nuestro querido Señor Jesucristo. Así pues, ahora cuando estos pecados me afligen, mi amor a Jesucristo me hace sentir la imperiosa necesidad de acudir al sacramento de la reconciliación y cuando en la absolución, la gracia del Señor se derrama como el agua sobre la cabeza de un bautizado, mi corazón gozoso y agradecido late con nueva esperanza, con la convicción de afrontar las tentaciones con mayor fortaleza en reciprocidad del sacrificio de Jesús en la cruz.

Sin embargo esto no ha sido siempre así, pues durante largo tiempo me escudaba en escusas muy convincentes para no acudir al sacramento. Así pues, yo era de la opinión que para la correcta dirección espiritual, si había que confesarse, debía ser con alguien de absoluta confianza pues un desconocido no iba a conocer el alcance de mis pecados. Consciente de lo difícil que era encontrar un director espiritual y que no moviendo un dedo era imposible encontrarlo, vivía en la oscuridad, y aunque unas veces con mayor sinceridad y otras con menos le confesara a Dios Padre mis pecados en la intimidad de la oración, sentía que aquello no bastaba para llenarme de paz. Pero llegó un día con el nuevo año, que en medio de una misa sentía la llamada del Espíritu para acercarme al confesionario y dejar allí todo lo que sobraba, todo lo que manchaba el templo del Señor que es mi cuerpo. Descubrí entonces, que la humillación que supone, despojarme de las hieles que nacen en los rincones más oscuros de mi alma, a un sacerdote que no conozco, es como un sacrificio de suave perfume para el Señor, la Gracia entonces se derrama y la “casa del Señor” que es tu cuerpo y tu alma quedan purificados, listos para recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo en la Eucaristía.

Cierto que el sacramento de la reconciliación puede administrarse de diferentes formas, pero no es menos ciertos que aunque la actual no pueda agradar a muchos, en ella se derrama la Gracia y en mi caso no era nada sensato renunciar a ella por una escusa vana y vacía como las que yo argumentaba.

En este punto podemos ver que con razón decía San Pablo que sus debilidades le acercaban al Señor, en tanto en cuento, ellas le forzaban a luchar para evitar las tentaciones, a acudir al Señor continuamente para reconciliarse con Él y al mismo tiempo, algo que no había mencionado hasta ahora, empaparse de la misericordia del Señor.

En efecto, la misericordia del Señor manifestada en el perdón de nuestros pecados, nos llama a ser misericordiosos con nuestros hermanos, del mismo modo que nosotros fallamos, ellos también fallan, y del mismo modo que nosotros nos sentimos heridos, ellos también se sienten heridos, en consecuencia, hay que “tratarlos como nosotros queremos que nos traten”. Aunque los cristianos estamos llamados a corregirnos entre nosotros por lo que se denomina la “corrección fraterna”, es la misericordia la que debe guiar el tono de la corrección y por ella canalizar la caridad, siendo sólo aquellos que están libres del pecado, los únicos que pueden arrojar las piedras (pero estos son los Santos y los Santos están llenos de compasión ;-) ).

Así pues, y tras serme entregado este discernimiento no puedo más que intentar ponerlo en práctica y comenzar pidiendo perdón por todas las veces que he sido duro y áspero apuntando la “paja en el ojo ajeno sin ver la viga en el mío”.

Recibe un abrazo en Jesús.


Hace un año…

Domingo, 27 Julio, 2008

Hace ya casi un año, el 29 de Julio de 2007, era Domingo y me encaminaba temprano a la Iglesia con la intención de asistir a la misa que estaba a punto de empezar.

Recuerdo que aquella mañaba me sentía fatal por algo que había hecho durante la semana. Así llegué a las puertas de la Iglesia, lleno de vergüenza por presentarme ante el Señor con la suciedad de mi culpa.

Allí estaba yo, con la cabeza gacha enfrente del enrejado que da acceso a la nave principal de la Iglesia, echando de menos el poder acercarme al confesionario, pero no podía porque el edificio es tan pequeño que no tiene, o al menos, yo no lo había visto en anteriores ocasiones. Fue entonces cuando muy cerca de donde yo estaba, me sobresaltó la presencia de un confesionario con la luz de “libre” encendida, como si fuera un Taxi en un día de lluvia. En situaciones como esta, uno puede comprobar que Dios tiene mucho sentido del humor.

La explicación del fenómeno estaba en que hacía un par de semanas había llegado el nuevo párroco, después de varios meses de ausencia del titular (aunque las misas las seguía oficiando otro sacerdote que actuaba con cargo “en funciones”), y había rescatado el confesionario y lo había puesto allí, cerca de la entrada, y como todavía era pronto para comenzar la misa, estaba allí leyendo y rezando el rosario.

Estaba claro, ahora no podía echarme atrás, había deseado poder confesarme y ahí tenía todo un confesionario completamente equipado para la ocasión. Así pues, tragué saliba y encaré el cubículo de madera, me arrodillé y dije las palabras clave: “Ave María Purísima”, que fueron inmediatamente contestadas con el habitual ”sin pecado concebida”. El resto ya pertenece a Dios.

Está claro que no a todo el mundo le gusta confesarse, es muy incómodo y es probable que la Iglesia podría haber articulado cualquier otra forma de administrar el sacramento de la reconciliación que fuera igualmente válido, no obstante el que ahora hay es el único disponible y sólo se puede intentar sacar de él lo mejor posible.

Los antiguos Judíos solían hacer sacrificios de animales en expiación de sus pecados, el mío fue un sacrificio por la humillación propia. El mismo acto de reconocer nuestros fallos ante otro ser humano como es el sacerdote, es para mí un acto de humildad y sometimiento a la voluntad de Dios. Un paso al frente y una experiencia liberadora al recibir la absolución. Podría decirse que para mí la penitencia es anterior a la propiamente dicha y que posteriormente impone el sacerdote y con la cual yo cumplo gozoso, porque no me supone nada de esfuerzo en comparación con la carga que llevaba antes de confesarla.

QDOB


“ Quid est veritas? – ¿Qué es la verdad? ” (I)

Viernes, 18 Julio, 2008

S. Juan 18, 37-38

Preguntóle Pilato: ¿Luego tú eres rey?. Respondió Jesús: tú lo dices: Yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es discípulo de la verdad, me escucha a mí. Dícele Pilato: ¿Qué es la verdad?.

S. Juan 14,6

Yo soy el camino, la verdad y la vida.

 

Vivimos un momento en la historia de la humanidad en la que nunca ha existido un acceso tan grande a la información. Los avances en los medios de comunicación actuales nos permiten contactar con casi cualquier persona en cualquier lugar y obtener cualquier dato, imágen o sonido casi al instante.

La información a nuestro alcance es inmensa, y sin embargo ¿cómo podemos estar seguros de que toda esa información es veraz? ¿cómo podemos saber si algo es cierto? ¿cómo discernir si alguien es de confianza?.

Hoy más que nunca vivimos escondidos detrás de multitud de apariencias, de capas, de máscaras que ocultan nuestra verdadera realidad. Hoy más que nunca mostramos una cara de éxito, o de modernidad, una cara de amabilidad forzada, o una sonrisa de diario, mientras ocultamos nuestra cruz, nuestras debilidades, nuestros defectos, nuestras penas. Éstas las vamos metiendo en el baúl de las cosas pendientes, hasta que éste se hace tan grande que revienta. Entonces nos deprimimos, tal es así que algunos dicen que la depresión es la enfermedad del siglo XXI.

Cómo Pilato, dudamos y nos cuestionamos ¿qué es la verdad?, ¿qué es lo auténtico?, qué es lo que realmente merece la pena en la vida, y al igual que ocurre en el texto evangélico, la pregunta queda sin repuesta expresa, porque sencillamente la tenemos delante. Al igual que Pilato tenía delante a Jesús (el camino, la VERDAD, y la vida), nosotros tenemos ahora la Palabra de Dios delante de nuestras narices, la que es veraz, la que es auténtica, la única que da vida eterna.

QDOB


¿Qué clase de tierra somos?

Miércoles, 16 Julio, 2008

Mateo 13, 1-23

Cierto día salió Jesús de su casa y se sentó a la orilla del mar. Y se congregó junto a él grande gentío, tanto que subió a una barca y se sentó y toda la multitud quedó de pie a la orilla. Y les enseñaba muchas cosas en parábolas. Decía: Salió el sembrador a sembrar. Y mientras sembraba cayeron unos granos a la orilla del camino y vinieron las aves y se los comieron. Otros granos cayeron sobre pedregal, donde apenas tenían tierra y brotaron en seguida por estar tan someros. Mas al salir el sol, faltos de raíces y abrasados por el calor, se secaron. Otros cayeron entre espinos y crecieron los espinos, y los ahogaron. Otros, por fin, cayeron en tierra buena y dieron fruto: unos el ciento, otros el sesenta, otros el treinta. Quien tenga oídos que oiga.

[...]

Escuchad, pues, el sentido de la parábola del sembrador. Siempre que se oye la palabra del reino y no se atiende, viene el Maligno y aventa lo que se sembró en aquel corazón. Éste es el grano sembrado a la vera del camino. Y el sembrado en pedregales, representa a los que oyen la palabra, y de momento la reciben a gusto. Pero no tiene en ellos raíces, sino que es efímera. Así apenas viene una tribulación o persecución por causa de la doctrina, desfallece su fe. El sembrado en zarzales representa a los que oyen la palabra: mas las preocupaciones de las cosas temporales y la seducción de las riquezas ahogan la doctrina y no llega a dar fruto. Por fin, el grano sembrado en tierra buena, representa a los que oyen la palabra y la atienden. Éstos producen fruto: Quién de cien, quién de sesenta, quién de treinta.

¿Cuántas veces habremos oído o leído la “Parábola del Sembrador”? ¿cuántas veces hemos reflexionado sobre ella? y aún así seguimos redescubriéndola cada vez, y con ella redescubriéndonos a nosotros mismos, como un espejo que refleja nuestra imagen, como un exámen de conciencia en el que evaluamos ¿quiénes somos? ¿cómo vivimos? ¿cómo actúa Dios en nuestra vida? ¿qué papel tiene Jesús en ella?; en definitiva qué clase de tierra somos, si está dando fruto la palabra de Dios en nosotros, o si por el contrario está relegada al olvido o como mucho a una retaila de tareas monótonas que cumplimos con el mero hecho de “cumplir” y seguir con lo nuestro como si tal cosa.

Cuando me miro a mí mismo e intento ver qué tipo de tierra soy, me siento como la semilla sembrada entre espinos, los espinos son todas esas cosas que asfixian nuestra fe, nos comen tiempo para la oración, o son situaciones que ponen a prueba nuestra ética; es el estress que no nos deja reflexionar, son las manipulaciones externas que nos tratan de decir qué hacer, qué comprar, dónde ir de vacaciones, qué ver y qué pensar, qué es mejor, qué es peor, lo que está bien y lo que está mal. Los espinos también son los prejuicios y los sentimientos enconados, nuestros propios defectos y miserias, nuestro egoismo, nuestra intolerancia, nuestra falta de paciencia o nuestra incomprensión.

Quizá por eso es importante pararse de vez en cuando y volver a leer la parábola del sembrador, para tratar de identificar cuáles son esos espinos que ahogan nuestra vida y que nos impiden crecer y tener una existencia plena.

Es paradójico, cómo nos ofuscamos tantas veces y nos centramos más en aquello que nos está “quitando” la vida que en aquel por el que tenemos “vida”.

Un saludo y QDOB


Abre ¡¡¡ EFFETAH !!!, un blog de testimonio cristiano.

Miércoles, 16 Julio, 2008

Mc 7, 31-37

De nuevo, partiendo de los confines de Tiro, se dirigió, pasando por Sidón, hacia el lago de Galilea, cruzando el país de la Decápolis. Le presentan un hombre sordo y mudo, rogándole que le imponga las manos. Tomándole Jesús aparte, lejos de la multitud, introdujo sus dedos en las orejas del sordo y con su saliva tocó su lengua. Luego, levantando al cielo sus ojos, suspiró, y dijo “¡Effetah!”, esto es: ábrete. Al punto se abrieron sus oídos, y quedó suelto el nudo de su lengua, y hablaba perfectamente. Les ordenó que a nadie lo dijeran. Pero cuanto más se lo urgía, ellos con mayor encarecimiento lo divulgaban. Y sobremanera maravillados decían: Bellamente lo ha hecho todo. Hace oir a los sordos y da habla a los mudos.

Hoy, miércoles 16 de Julio de 2008, al amparo de la advocación mariana de “El Carmen”, comienza su andadura ¡¡¡ EFFETAH !!! un blog de testimonio cristiano, un lugar en el ciberespacio donde volcar lo que implica en mi vida ser cristiano dentro de la Iglesia Católica, dando testimonio de Jesucristo.

Llamado al apostolado del Señor Jesús, nace pues este blog para contribuir a que “la tierra se llene del conocimiento de Dios como las aguas cubren el mar” (Isaías 11,9), por medio de la predicación del Evangelio y del testimonio personal de la Fe en la vida diaria.

Espero y deseo que este sitio sea de su agrado y espero sus visitas, sugerencias y comentarios.

Un saludo y que Dios os bendiga (QDOB).