No se si a algunas personas les puede parecer atípico pero no creo en el destino. Esto es, no creo que la vida de los seres humanos siga un encadenamiento de sucesos determinado de antemano o esté guiado totalmente por una mano invisible. Esto les choca mucho a la gente con la que suelo hablar, porque bajo mi calidad de creyente, es de suponer que Dios, de algún modo, guía lo que hacemos, nos pone en ciertos lugares o nos ofrece diferentes señales.
Pongamos alguien que dice, “mi familia es una bendición, mis padres aunque humildes, me enseñaron el valor del trabajo y del esfuerzo, hoy yo sigo su ejemplo y mirad lo bien que me va, por eso doy gracias a Dios”. ¡Qué bueno hermano!, yo también glorifico a Dios porque tuviste tan buena fortuna, pero entonces pienso, ¿aquel que nació en una familia donde el padre era alcohólico?, ¿y si la mujer además era ludópata, y había maltratos, gritos y sufrimiento?, ¿aquel hogar lo habría elegido Dios para alguien?. Desde luego que no, no podemos pensar tal cosa, así que si el primer caso resulta una bendición de Dios, no podemos pensar que Dios “maldiga” a un inocente niño de forma semejante con el segundo, y sin embargo todos conocemos casos similares.
Realmente no entiendo por qué unas personas tienen mejor suerte y otros la tienen tan mala, y probablemente siga sin entenderlo hasta que el Señor me de don de discernimiento suficiente para desentrañar este misterio de la vida.
Sin embargo, sí se una cosa, se lo que dice la Palabra de Dios:
<< Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca sino que tenga vida eterna >>. (Jn 3,16)
Dios envió a Jesús a vivir como tú vives, a necesitar como tú necesitas, a llorar como tú lloras, a reir como tú ríes, a sufrir como tú sufres. Dios envió a su hijo a compartir con los hombres no sólo su naturaleza sino también sus vivencias, aquél al que veneramos como Rey, viene a nosotros de forma humilde, pacífica, cercana, … no como los generales con grandes desfiles, ni como los líderes políticos con pompas y banderas, no, viene a nosotros sobre un borriquillo como un peregrino, otro caminante más de esta vida, para cargar con tus pecados en la cruz y morir por ellos.
Sí, porque Jesús viene también a descargarnos de nuestras culpas y a llevarlas sobre sí mismo, viene a llevar sobre sí nuestras envidias, nuestros odios, nuestros homicidios y todos esos males que hacemos a los demás, Jesús viene a llevarse todo eso, porque no tiene cabida en el nuevo mundo de los hombres nuevos.
Por eso este Evangelio es poderoso, esta es una buena noticia que tiene que entender todo el mundo, que no estamos solos, que Dios está con nosotros, ya hayamos nacido en una buena familia o en una mala, nos vayan bien las cosas o nos vayan mal, Dios comparte y quiere estar presente en nuestras vidas, y quiere transformarlas totalmente para que llenos de Él vivamos plenamente la alegría del Reino, en el que toda lágrima será enjugada y todo llanto será consolado.
Que Dios os bendiga. Amén.
Escrito por effetah