Creo en Dios, no en el destino.

Lunes, 10 enero, 2011

No se si a algunas personas les puede parecer atípico pero no creo en el destino. Esto es, no creo que la vida de los seres humanos siga un encadenamiento de sucesos determinado de antemano o esté guiado totalmente por una mano invisible. Esto les choca mucho a la gente con la que suelo hablar, porque bajo mi calidad de creyente, es de suponer que Dios, de algún modo, guía lo que hacemos, nos pone en ciertos lugares o nos ofrece diferentes señales.

Pongamos alguien que dice, “mi familia es una bendición, mis padres aunque humildes, me enseñaron el valor del trabajo y del esfuerzo, hoy yo sigo su ejemplo y mirad lo bien que me va, por eso doy gracias a Dios”. ¡Qué bueno hermano!, yo también glorifico a Dios porque tuviste tan buena fortuna, pero entonces pienso, ¿aquel que nació en una familia donde el padre era alcohólico?, ¿y si la mujer además era ludópata, y había maltratos, gritos y sufrimiento?,  ¿aquel hogar lo habría elegido Dios para alguien?. Desde luego que no, no podemos pensar tal cosa, así que si el primer caso resulta una bendición de Dios, no podemos pensar que Dios “maldiga” a un inocente niño de forma semejante con el segundo, y sin embargo todos conocemos casos similares.

Realmente no entiendo por qué unas personas tienen mejor suerte y otros la tienen tan mala, y probablemente siga sin entenderlo hasta que el Señor me de don de discernimiento suficiente para desentrañar este misterio de la vida.

Sin embargo, sí se una cosa, se lo que dice la Palabra de Dios:

<< Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca sino que tenga vida eterna >>. (Jn 3,16)

Dios envió a Jesús a vivir como tú vives, a necesitar como tú necesitas, a llorar como tú lloras, a reir como tú ríes, a sufrir como tú sufres. Dios envió a su hijo a compartir con los hombres no sólo su naturaleza sino también sus vivencias, aquél al que veneramos como Rey, viene a nosotros de forma humilde, pacífica, cercana, … no como los generales con grandes desfiles, ni como los líderes políticos con pompas y banderas, no, viene a nosotros sobre un borriquillo como un peregrino, otro caminante más de esta vida, para cargar con tus pecados en la cruz y morir por ellos.

Sí, porque Jesús viene también a descargarnos de nuestras culpas y a llevarlas sobre sí mismo, viene a llevar sobre sí nuestras envidias, nuestros odios, nuestros homicidios y todos esos males que hacemos a los demás, Jesús viene a llevarse todo eso, porque no tiene cabida en el nuevo mundo de los hombres nuevos.

Por eso este Evangelio es poderoso, esta es una buena noticia que tiene que entender todo el mundo, que no estamos solos, que Dios está con nosotros, ya hayamos nacido en una buena familia o en una mala, nos vayan bien las cosas o nos vayan mal, Dios comparte y quiere estar presente en nuestras vidas, y quiere transformarlas totalmente para que llenos de Él vivamos plenamente la alegría del Reino, en el que toda lágrima será enjugada y todo llanto será consolado.

Que Dios os bendiga. Amén.


Un año buscando Paz

Martes, 17 agosto, 2010

“La paz os dejo. Mi paz os doy. No es como la del mundo la que yo os doy”.  S. Juan 14,  27

“Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” S. Mateo 5, 9.

Me he pasado demasiado tiempo sin escribir, y no es porque no tenga material (el cual no puede ser de mayor calidad), sino porque no encontraba momentos para pararme y poner por escrito, los temas que se me iban ocurriendo, bien porque no tuviera tiempo, o bien porque si lo tenía, lo prefería emplear en otras tareas menos edificantes.

Pero de vez en cuando, la Palabra del Señor te traspasa como una lanza y uno descubre cosas que no puede mantenerse calladas y en los últimos meses me he visto con una tremenda falta de Paz en mi vida, asfixiado por las ocupaciones cotidianas me veía sobrepasado por los “espinos” de los que ya habláramos hace ya tiempo. Especialmente irritable veía como esa falta de Paz afectaba a mi alrededor y me hacía sentir mal conmigo mismo.

¡Qué importante es para el ser humano, encontrar momentos de Paz!, y no cualquiera, sino aquella que  nos ofrece el Señor!. Esta Paz, no es la del mundo (como indica San Juan), es muy diferente y sus efectos también lo son.

Con la Paz del Señor, somos pacientes, sabemos esperar y sabemos escuchar lo que Dios tiene que decirnos. Con esta Paz se cultiva la prudencia, que conduce a la reflexión, permite alcanzar la sabiduria y fomenta la justicia, no se debe confundir necesariamente con el relax o la falta de actividad, la misma Paz del contemplativo es la que tiene la persona diligiente y laboriosa que en su quehacer cotidiano sabe que ésta haciendo las cosas como corresponden.

Es esta Paz la que permite desarrollar la templanza, el control de uno mismo, como una defensa contra los males que  amenazan nuestra vida: la cólera y la ira que impide que veamos en los hermanos la presencia de Dios, la codicia, y la soberbia que hace que antepongamos los bienes materiales y nuestro orgullo a lo que realmente importa,  etc.  Del mismo modo, la fortaleza frente a la adversidad exige esta Paz en nuestro interior para poder sobrellevar las dificultades y ser referencia para los que están a nuestro alrededor.

Es en definitiva la Paz quien nos permite vivir mejor,  la que se ejercita con la oración y el compromiso diario de poner a Jesús en el centro de nuestras vidas.

Quiero llamar la atención sobre un aspecto, en la Palabra, no sólo son bienaventurados los que trabajan por la paz, sino también los “pobres de espíritu”: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos”. Esta pobreza de Espíritu, no debe traducirse como “desánimo” o “falta de energía”, sino como humildad sincera, de corazón. Las personas con humildad dentro de sí son los que mejor pueden albergar la Paz  en sus vidas, como bien se dice, “no es más rico quien más tiene, sino el que menos necesita”, y en este sentido los humildes son los más ricos, no sólo porque su humildad les hece los menos necesitados, sino que el Señor les otorga una gran riqueza:  “el Reino de los Cielos”. Al no necesitar bienes materiales, ni reconocimiento, … viven para y por el amor de Dios y de Él reciben cuanto necesitan en sus vidas. Entonces se produce la maravilla y la paradoja, los humildes, quienes no se afanan en acumular cosas o en gestionarlas, tienen el tiempo y el amor suficiente para dedicárselo al resto. De ellos es el Reino de los Cielos porque se encargan de hacerselo llegar a los demás.

“¡Paz a vosotros!” es lo que les dice el Señor a sus discípulos cuando se reencuentra con ellos tras la crucifixión, Paz en medio de la persecución, Paz para discernir con la Fe el misterio de la muerte y resurrección de Cristo.  Paz y humildad para albergar la Gracia del Señor. Que la Paz del Señor esté con todos vosotros.

QDOB


Como niños. Adviento 2009

Lunes, 30 noviembre, 2009

Hará casi un año, tuve la oportunidad de cruzar algunas palabras sobre la Navidad con un conocido. Según él, la Navidad había perdido todo su sentido convirtiéndose en poco menos que una farsa, una máscara que usan algunas personas para mostrarse cándidas y amables durante unos días, pero que en el fondo nada cambia. No se trataba de una persona creyente, y se quejaba de toda la parafernalia que rodeaba la Navidad, desde los ritos religiosos hasta los hábitos más consumistas, todo para ésta persona era motivo de crítica.

No obstante, había algo en lo que coincidía conmigo y era el hecho de que en estas fiestas, quienes más las disfrutan son los niños. Para los más pequeños, las Navidades siguen teniendo un sabor especial: las luces, los adornos, los belences en los escaparates, … todo es un despliegue de maravillas ante sus ojos.

Son ellos los que esperan estas fechas con la máxima ilusión porque en ella confluyen multitud de sensaciones: las vacaciones, la ilusión por los regalos, la reunión de la familia, la cabalgata de los Reyes Magos, etc. Su agenda está llena de acontecimientos magníficos y únicos que no tienen comparación con el resto del año.

Será por eso que nosotros los mayores ponemos tanto empeño en satisfacer su ilusión, porque nosotros también nos vemos reflejados en ellos y queremos contagiarnos otra vez de lo que  sienten, volviéndonos otra vez niños, como los que fuimos antaño. No obstante, “sólo los que se hacen como niños entran en el reino de los cielos”.

Y este es el reto que se nos presenta ante nosotros este Adviento, preparar la venida del Señor como niños:

- Como niños, ajenos al ajetreo del mundo que nos distrae de lo importante.

- Como niños, asombrados por las maravillas que Dios pone ante nosotros cada día.

- Como niños, aceptando con ilusión desbordada el regalo de la venida de Jesús como Salvador nuestro.

Así pues, sólo deseo que este año todos nosotros nos volvamos como niños de nuevo y volvamos a sentir la ilusión de estas fechas, que no pasen desapercibidas y que sean motivo para renovarse y maravillarse del amor que Dios tiene para cada uno de nosotros. Que sepamos ver con la sencillez de los ojos de un niño, que un Salvador nos  va a nacer para liberarnos de la esclavitud del mundo y reconocer, que hay perdón tras los errores, reconciliación tras las riñas, humildad tras las soberbias y amor en los corazones. Amor que no debe quedarse estancado en ellos, sino ser “una medida buena, apretada y rebosante”.

Que Dios les bendiga a todos. Amén.


La Voz de la Justicia.

Lunes, 16 noviembre, 2009

“Venid, pues, y gocemos de los bienes presentes, y usemos de las criaturas con el ardor de la juventud.

Llenémonos de vino generoso y de perfumes, y no se nos pase de largo una flor de primavera.

Coronémonos de capullos de rosas antes de que se marchiten.

Que nadie de nosotros deje de participar en nuestra orgía, dejemos por doquiera señales de alegría, proque esa es nuestra parte y esa es nuestra suerte.

Oprimamos al justo pobre, no tengamos miramientos con las viudas ni respetemos las canas provectas del anciano.

Sea nuestra fuerza norma de justicia, pues lo débil se demuestra inútil.

Acechemos al justo, porque nos incomoda, y se opone a nuestras obras, y nos echa en cara las transgresiones de la ley, y nos reprocha de faltas contra nuestra educación.

Proclama que tiene el conocimiento de Dios, y se llama a sí mismo hijo del Señor.

Ha llegado a ser reprensión de nuestros pensamientos. Su sola vista nos resulta pesada, porque su vida no se parece a la obra de los otros, y sus caminos son diferentes.

Nos tiene por gente de mala ley, y se aparta de nuestros caminos como de impurezas; estima feliz el fin de los justos, y se gloria de tener a Dios por padre.

Veamos si sus palabras son verdaderas y experimentemeos lo que ha de suceder al fin de su vida.

Pues si el justo es hijo de Dios, vendrá en su socorro y le librará de la mano de sus adversarios.

Probémosle con el ultraje y la tortura, para ver su moderación indulgente, y probar su resignación.

Condenémosle a una muerte vergonzosa, pues, según él dice, le vendrá socorro.

Esto piensan, pero se equivocan, porque su maldad les ha obcecado, y no conocen los secretos de Dios, ni esperan recompensa para la santidad, ni creen en el premio de las almas irreprensibles”. Sabiduría 2, 6-22

Han pasado un par de milenios y este texto se vuelve tan actual como cuando fue escrito. Aparte de su caracter profético, al anticipar los padecimientos que Jesús tendrá en su tiempo, comparte con nosotros nuestro destino de cristianos, ser luz de justicia, en un mundo adormecido por el materialismo y sumido en su autocomplacencia hedonista.

En efecto, la Palabra de Dios nos refleja los “espinos” que nos encontramos en el día a día: las apariencias, las escalas sociales,  el afán de conseguir el éxito, aunque sea a cualquier precio,  la ley del más fuerte, … Todo ello se opone a los planes que Dios tiene para nosotros, todo ello se opone a los ideales de Justicia, Amor y Verdad con los que nuestro Padre Celestial quiere llenar nuestras vidas y de los que nadie queda excluido. Son esos los valores del mundo, los que dejan pobres, viudas y marginados; frente a los de Dios que desea dejarnos un mundo donde tengamos “vida” y ésta en abundancia.

Por ello, la voz de los cristianos, la voz de la Iglesia es incómoda, porque se opone firmemente a los desmanes de este mundo de injusticias, pero aún así, a pesar de las persecuciones, críticas y humillaciones que seguro son frecuentes en nuestro entorno, hay que seguir denunciándolas. Podremos discutir las formas de hacerlo, pero no el fondo, pues cielo y tierra pasan, mas la palabra del Señor permanece.


VISION

Viernes, 28 agosto, 2009

BE THOU MY VISION (Letra original en inglés).

Be Thou my Vision, O Lord of my heart;
Naught be all else to me, save that Thou art.
Thou my best Thought, by day or by night,
Waking or sleeping, Thy presence my light.

Be Thou my Wisdom, and Thou my true Word;
I ever with Thee and Thou with me, Lord;
Thou my great Father, I Thy true son;
Thou in me dwelling, and I with Thee one.

Be Thou my battle Shield, Sword for the fight;
Be Thou my Dignity, Thou my Delight;
Thou my soul’s Shelter, Thou my high Tower:
Raise Thou me heavenward, O Power of my power.

Riches I heed not, nor man’s empty praise,
Thou mine Inheritance, now and always:
Thou and Thou only, first in my heart,
High King of Heaven, my Treasure Thou art.

High King of Heaven, my victory won,
May I reach Heaven’s joys, O bright Heaven’s Sun!
Heart of my own heart, whatever befall,
Still be my Vision, O Ruler of all.

Se Tú mi Visión (Letra traducida al español).

Se Tú mi visión, oh Señor de mi corazón;
nada hay más para mí, salvo todo lo que Tú eres.
Tú mi mejor pensamiento, de día o de noche,
en vela o durmiendo, tu presencia es mi luz.

Sé Tú mi sabiduría, y Tú mi verdad;
Siempre contigo y Tú conmigo, Señor;
Tú mi grandioso Padre, yo tu verdadero hijo;
Tú en mi hogar y yo contigo.

Se Tú mi escudo en la batalla, mi espada en la lucha;
Se Tú mi dignidad, Tú mi alegría;
Tú el refugio de mi alma Thou, Tú mi torre alta:
Elévame a las alturas, Oh fuerza de mi fuerza.

Riquezas no anhelo, ni elogios vacíos de los hombres,
Tú mi heredad, ahora y siempre:
Tú y sólo Tú, primero en mi corazón,
Alto Rey del Cielo, my Tesoro eres Tú.

Alto Rey del Cielo, que obtuviste mi victoria,
Pueda alcanzar las alegrías del Cielo, ¡Oh luz del sol del Cielo!
Corazón de mi propio corazón, pase lo que pase,
sigue siendo mi Visión, oh soberano de todo.

Hace un par de semanas estuve en un encuentro organizado por la comunidad católica Fe y Vida: el Vision.es 2009.

http://www.feyvida.com/

El “Vision” pretende ser un cruce de caminos para cristianos de distintas partes que viven su fe en el día a día, un punto de encuentro para compartir experiencias y buscar la voluntad de Dios.

Este año se contó con la participación de varios miembros de la comunidad Alleluia de Augusta (Georgia EEUU).

http://www.yeslord.com/

Hubo diversas charlas, pero con un nexo común: el papel de los cristianos en un mundo que parece alejarse cada vez más del Evangelio y de la importancia, bondades y dificultades de vivir en comunidad. Es de destacar la importancia que tiene la oración en la formación de estas comunidades quienes se han fortalecido espiritualemente antes de lanzarse en proyectos de ayuda a los más necesitados. Cumplen así la palabra que es mejor “quitarse la viga del ojo propio, antes de quitar la paja del ojo ajeno” y es que me llamó mucho la atención la importancia que daban a que la comunidad sea un sitio de “sanación”, un lugar donde las almas heridas de las personas que pertenecen a la comunidad puedan encontrar paz, descanso y refuerzo.

También fue muy importante reencontarme con gente que no veía desde hace mucho tiempo y ver cómo la mano del Señor, se ha ido extendiendo por las vidas de todos ellos y cómo las bendiciones del Espíritu Santo siguen derramándose sobre nosotros sus hijos.

Mi experiencia en el retiro fue una experiencia de reparación, de descanso y de búsqueda de la voluntad de Dios, una oportunidad para parar del estress diario y centrar en mi vida el papel que quiero que Dios tenga en ella. Fue también una llamada a la restitución del Evangelio de Cristo en mi vida y un impulso para seguir dando testimonio de su experiencia.

Por eso yo también quiero decir hoy también, se Tú Señor mi visión, se Tú la luz que guíe mi alma. Guía Señor mis pasos en el camino de la vida, para seguir glorificando tu Santo Nombre y que cada decisión que tome en mi vida sea para honrar tu confianza. También quiero darte gracias, Señor, por cuantos hermanos pones en mi camino, con quienes podemos compartir en la oración tu alabanza, y unidos a Tí formar la comunión de tu Iglesia para la redención del mundo. Amén.


Preciosa Sangre

Viernes, 28 agosto, 2009

“Porque el alma de la carne está en la sangre y yo la he puesto por vosotros sobre el altar para expiación de vuestras almas, porque es la sangre la que expía por la vida que hay en ella”. Levítico 17, 11.

<< Díjoles Jesús: “En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre no tendréis vida en vosotros. Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré al fin de los tiempos. Porque mi carne es verdadero manjar y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece y yo en él. Como yo tengo la vida del Padre viviente que me envió, así el que me come a mi, vivirá de mí. Éste es el pan bajado del cielo. No como el que comieron los padres y murieron. El que come este pan vivirá por siempre” >>. S. Juan 6, 53-57.

En verano, con las vacaciones, el número de donantes se reduce y con ellos las reservas de sangre en los hospitales, además, con los movimientos del tráfico también aumentan los accidentes en carretera, lo que dispara la necesidad de donaciones para realizar transfusiones. Así pues, consciente de estos hechos, y a pesar de mi escasa simpatía por las agujas, reuní valor suficiente para acercarme a una unidad de donación.

Al entrar me facilitaron un cuestionario y me llamó la atención los numerosos motivos por los que una donación puede llegar a ser rechazada. Desde luego las donaciones son algo muy serio, ya que hay que garantizar que la sangre está libre de impurezas que puedan ser perjudiciales para el receptor, ya que lo que está en juego no es ni más ni menos que una vida humana.

Del mismo modo que nosotros donamos sangre para que otros, no importa quiénes sean, puedan tener vida, así Jesús entregó la suya para darnos vida eterna. Su preciosa sangre, libre de las impurezas del pecado, nos es donada para que expiemos nuestras culpas y renovados por ella tengamos una vida plena en Él.

Su carne y su sangre son la carne y la sangre del “hombre nuevo” que habrá de sustituir aquello que en nosotros deseamos redimir y así ser los miembros de la “nueva alianza”.

Donar sangre me ha parecido una experiencia muy positiva, me he sentido útil a la sociedad y me ha permitido reflexionar en dos sentidos, primero en la importancia de mantener unos hábitos de vida saludables y segundo en la vocación de servicio de los cristianos hacia los demás. Por lo primero, recordar que no somos dueños de nosotros mismos, sino que somos administradores de nuestros cuerpos, los cuales son templos del Espíritu Santo. Es nuestra responsabilidad mantenernos saludables y espiritualmente activos, de modo que podamos marcar la diferencia en la sociedad, siendo más eficaces y eficientes en lo segundo, dispuestos para hacer la voluntad de Dios en todo momento y lugar.


“Una medida desbordante”.

Domingo, 19 julio, 2009

“Entonces se le acercó Pedro para preguntarle: Señor, ¿cuántas veces deberá perdonar a un hermano mío, los agravios que me haga?. ¿Hasta siete veces? Respondióle Jesús: No te digo hasta siete veces sino hasta setenta veces siete. Por eso es semejante el reino de los cielos a un rey que quiso llamar a cuentas a sus siervos. Al comenzar a pedirlas, se le presentó uno que le debía diez mil talentos. Y como no tenía con qué pagar ordenó el señor que fuera vendido el siervo, su mujer, sus hijos y todo cuanto tenía, y satisficiera así la deuda. El siervo cayó de rodillas y prosternado le suplicó: Señor, ten paciencia conmigo, y todo te lo pagaré. Compadecióse el señor del siervo y le dejó marchar, y le condonó la deuda. Al salir aquel siervo encontró a uno de sus compañeros, que le debía cien denarios. Y asiólo y le ahogaba, diciendo: Págame lo que me adeudas. De rodillas a sus pies, el compañero le suplicaba: ¡Ten piedad conmigo!, te lo pagaré todo. Mas él no accedía y llegó a meterle en la cárcel, hasta que liquidara la deuda. Al verlo sus compañeros se entristecieron en gran manera y vinieron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor llamó a cuentas a su siervo: ¡Siervo malvado!. Toda tu deuda te condoné porque me lo suplicaste. ¿No era razón que tú te apiadases de tu compañero, como yo me apiadé de tí?. Y enojado su señor lo entregó a los verdugos hasta que le pagara la deuda. Así hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano”. S. Mateo 18, 21-35.

No es nada nuevo, podrían decir algunos que es bastante común el hecho de que los seres humanos nos decepcionemos mutuamente. Creo que como a mí, le pasa a mucha gente, quedamos con alguien en algún asunto: una cita, un contrato, un trabajo, etc. pero la otra persona no cumple con su parte del acuerdo, se retrasa, o no se presenta, o no realiza su labor como le corresponde. El resultado final es siempre una decepción porque no vemos reciprocidad hacia nuestro firme compromiso.

Seguramente, tú como yo, que pensamos en hacer honestamente el bien a los demás y tratarles como quisiéramos que nos trataran, no podemos evitar sentirnos mal cuando no somos correspondidos de la misma manera. Pensamos que esa gente es irresponsable y que no conviene hacer más tratos con ella, nuestra paciencia se agota y traicionados nos replantearnos la  relación que hasta entonces nos unía.

Hace poco me pasó algo parecido con varias personas de mi entorno, y mientras reflexionaba en la decepción que me invadía, me dió por pensar en cómo afectaba esto a mi relación con Dios. En efecto, yo me sentía mal por el agravio que estas personas me habían provocado, pero ¿cómo se sentía Dios en otras tantas veces en que yo le he agraviado con mi pecado?.

Me dí cuenta de que mi actitud era semejante a la del siervo de la parábola ¿qué pasaría si el Rey me pidiese cuentas de mis actos? ¿qué pasaría si Dios me reclamase la misma atención que yo exijo?.  El sacrificio de Jesús que entregó su sangre para perdonar mis pecados, se vería escasamente recompensado con mi intolerancia hacia los demás. Porque en el fondo muchas veces no soy capaz de perdonar los errores de los demás y al igual que no soy capaz de ver que  yo también cometo errores que a los ojos de los demás pueden ser tan graves como los que les achaco al resto.

También tengo que tener en cuenta que una gran parte de las veces en que se provocan estas situaciones, se trata de naderías, cosas que no son realmente importantes, o que al final tienen una solución no muy rebuscada. Como dice otra palabra:

“No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados. Perdonad y se os perdonará. Dad y se os dará. Medida llena, estrujada, remecida, desbordante será la que os echarán en vuestra halda. Así, pues, con la medida que midiéreis se os medirá a vosotros”. S. Lucas 6, 37-38.

Debemos ser capaces de ver la justicia de Dios y aplicarla en nuestra vida, perdonar a nuestros hermanos de la misma manera que nosotros estamos necesitados de perdón. Y tolerar a los demás porque no todos somos iguales pero sí que todos somos hijos de Dios y merecemos un mismo respeto.


Effetah: Cumplimos un añito.

Jueves, 16 julio, 2009

En el día de hoy en el que celebramos el día de “El Carmen”, hace ya un año que comenzó este blog. Solo cabe pedir la intercesión de Nuestra Señora, para que podamos seguir abiertos por mucho tiempo, compartiendo lo que en la vida nos depare el Señor.

¡¡¡ Salve Stella Maris !!!.

SALVE MARINERA

¡Salve! Estrella de los mares.
De los mares Iris de eterna ventura,
¡Salve! Fénix de hermosura,
Madre del divino amor.

De tu pueblo los pesares
tu clemencia dé consuelo.
Fervoroso llegue al cielo
hasta Tí, hasta Tí nuestro clamor.

Salve, Salve, Estrella de los mares
Salve, Estrella de los mares…
Sí, fervoroso llegue al cielo
hasta Tí, hasta Tí nuestro clamor.

Salve, salve
Estrella de los mares
Estrella de los mares
¡Salve! ¡Salve! ¡Salve, Salve!

¡¡¡ VIVA LA VIRGEN DEL CARMEN !!!


Un café con Jesús.

Martes, 7 julio, 2009

El otro día quedé con una amistad para tomar un café. Tras un tiempo sin vernos era la oportunidad perfecta para ponernos al día y contarnos como nos iba la vida a ambos. En el transcurso de la conversación, me comentó que estaba pasando por un mal momento con su pareja, habían discutido mucho y estaban a punto de dejarlo definitivamente. Se quejaba de que se sentía desplazada, ya que en vez de de aprovechar a pasar más tiempo juntos, y tratar así de arreglar sus asuntos, su pareja prefería pasar más tiempo con sus amistades.

Esta conversación, que no pasa de ser una de tantas entre dos amigos tomando un café, un día cualquiera en una tarde cualquiera, me sirvió para reflexionar no sólo en los problemas de la relación que tenía esta pareja, sino en los problemas que tenemos muchos cristianos en nuestra relación con Dios.

Me dí cuenta que en la vida diaria que llevamos, estamos tan ajetreados que casi no nos queda tiempo para nosotros mismos, así que siempre es de agradecer poder parar un momento y tomarnos un café de vez en cuando,  sobre todo si podemos gozar de la compañía de un buen amigo. Compartir un café y una conversación con otra persona nos permite escuchar y ser escuchados, no sólo es compartir una taza de infusión, es compartir un tiempo, un espacio y una experiencia, incluso aunque ninguno de los presentes tenga nada importante que decir, siempre se disfruta la compañía del otro.

Pero … ¿qué nos pasa con Jesús?, constantemente le estamos escatimando tiempo y anteponemos otras tareas presuntamente más importantes a pasar tiempo con Él. Incluso me sorprendió comprobar, que somos prestos a quedar con otras personas, pero somos muy perezosos cuando se trata de pasar un tiempo con el Señor.

En este sentido nos parecemos mucho a la pareja de esa persona que os comentaba varios párrafos más arriba, podemos pensar que Jesús es el centro de nuestra vida, que le amamos profundamente y le adoramos, que por Él daríamos la vida, y sin embargo cuando llega la hora de la verdad, en las cosas más nimias, le descuidamos, le dejamos para después y le relegamos para el último lugar de nuestra interminable agenda. No vemos que actuando así lo que hacemos es debilitar cada vez más nuestra relación con Dios y quizá arriesgarnos a perderla completamente, y desde luego así podría ser si nos dejamos asfixiar por los “espinos”, que son las cosas de la vida diaria a las que se refiere la parábola del sembrador. La diferencia fundamental aquí es que Él siempre va a estar dispuesto a recibirnos de nuevo, la duda por tanto, es si nosotros seremos capaces de rectificar nuestro error.

Por esto pienso que deberíamos intentar tomar más cafés con Jesús, para así aprovechar a contarle nuestras cosas y hablar de ellas como lo haríamos con un amigo del alma, fortaleciendo así nuestra relación con Él. Estoy seguro de que un rato de oración en Su presencia puede ser de los más reconfortantes que podamos tener en el día.


2º Domingo de Adviento: “¡ Preparad el camino !”

Sábado, 13 diciembre, 2008

“Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Está escrito en el profeta Isaías: <<Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos>>. Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaba sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba:  <<Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo>> “. Marcos 1, 1-8

Cuando se prepara un camino  se han de rellenar los baches, elevar las partes hondas y rebajar las partes altas. Se trata de dejar la superficie del mismo lo más lisa y llana posible de modo que el tránsito por él se haga de la manera más fluida posible, con visibilidad y seguridad de los que lo utilicen y con objeto de conectar dos lugares entre los que existe una gran distancia.

Así en nuestra relación con Dios, tratamos de conectar con nuestro Padre celestial, así tenemos que prepararnos para mejorar la fluidez de esta comunicación, renunciando a nuestras rebeldías y pecados, tomando conciencia de todas esas cosas que son “prescindibles” en nuestra vida y que no nos hacen bien, como los excesos de orgullo, nuestros egoísmos y nuestra falta de amor hacia los demás.

Del mismo modo, y al tiempo que nos vaciamos de todas estas cosas que nos sobran, debemos rellenarnos de todo aquello que sí nos favorece, como la misericordia, el perdón, la ternura y la paz.

En este sentido, al igual que los ángeles proclaman: “Gloria a Dios en el Cielo y en la Tierra Paz a los hombres de buena voluntad”, así también transcribo aquí la oración por la paz de San Francisco de Asís:

Señor,
hazme un instrumento de tu paz:
donde haya odio, ponga yo amor,
donde haya ofensa, ponga yo perdón,
donde haya discordia, ponga yo armonía,
donde hay error, ponga yo verdad,
donde haya duda, ponga yo la fe,
donde haya desesperación, ponga yo esperanza,
donde haya tinieblas, ponga yo la luz,
donde haya tristeza, ponga yo alegría.

Oh, Señor, que no me empeñe tanto
en ser consolado como en consolar,
en ser comprendido, como en comprender,
en ser amado, como en amar;
porque dando se recibe, olvidando se encuentra,
perdonando se es perdonado,
muriendo se resucita a la vida .
Amén.

QDOB


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